Brian Harman, cazador de gloria

Si el golf de Brian Harman se midiera proporcionalmente a su altura, se podría decir que es un golfista de bajo calibre. Su metro setenta lo vuelve bajo o petiso entre la gran mayoría de los golfistas de elite. Sin embargo, desde ese 1.70 miró al mundo desde arriba en Hoylake, Liverpool, el domingo al coronarse campeón del Open 2023. Lo del americano fue enorme, inmenso, categórico y sublime. Jon Rham, Rory McIlroy y Scottie Scheffler, favoritos por ranking y entre los aficionados, quedaron en el camino como el agua que a lo largo de la última vuelta iba bajando por la campera de Harman. El norteamericano se quedó con el Claret Jug y por tercera vez en la historia, cual Mickelson y Bob Charles, volvió a dejar el trofeo en manos de un jugador zurdo. Harman puede no llamar la atención por su altura ni por la distancia que suele pegar con su drive. La potencia no es lo suyo, podría decirse. Pero no hubo mejor receta que la que empleó el nacido en Georgia para jugar en la cancha estilo link del Royal Liverpool Golf Club. Su categórica victoria se erigió sobre dos pilares fundamentalmente: en primer lugar, dos primeras vueltas de maravilla en las que quedó con cinco golpes de ventaja sobre el segundo. Y la segunda, y la más importante, el coraje y la constancia para mantener esa ventaja en los días finales, cuando los hoyos y los fairways se achican y las presiones se agrandan. Harman, que tiene una empresa de diseño de interiores en Estados Unidos, también es un fanático de la caza. Para decirlo de alguna manera, se siente en su casa en medio de la naturaleza, conoce muy bien el paño. Con una escopeta en busca de algún animal en los Estados Unidos o con un hierro 7 en la cancha de turno, el clima no es algo que lo perturbe de sus objetivos. Por eso prevaleció tanto en un lugar donde pocos lo tenían en cuenta. De sábado a domingo, el clima en Liverpool fue tornándose cada vez más áspero y el juego de Harman siendo cada vez más efectivo. Para ponerle números a tanta palabra, mientras que McIlroy no erró menos de siete putts de menos de dos metros, Harman metió 58 dentro de los tres metros. Una locura. Harman, además de encontrar casi todos los fairways en un domingo clásicamente liverpuliano, ventoso y lluvioso durante toda la jornada, tuvo el valor agregado de que supo reponerse a cada error de manera inmediata. Sus bogeys fueron precedidos por birdies con un putt que más que encendido estaba incendiado. En las cercanías a la cancha del Everton, donde tiempo atrás un joven Ringo Star iba a ver al equipo azul cuando no tocaba con los Beatles en The Cavern, Harman tuvo oficio para lidiar con todo. Con los fanáticos ingleses que lo abucheaban en el tee del 1, desencantados con quien estaba arruinándole la faena a McIlroy, el favorito británico. También recibió el oprobio de otro que el último día le espetó que no tenía “los huevos (sic) necesarios para mantenerse en la posición de vanguardia”. Harman hizo oídos sordos, fue fiel a su tic nervioso de hacer no menos de diez waggles por tiro, exasperando a varios en ocasiones, y fue categoría pura en los greens. Sin cumplir con los estereotipos del golfista moderno de pegar largo, Brian Harman demostró que la receta de la victoria en el golf es tan vieja como su máxima virtud: la precisión en el green es todo. Y el Claret Jug del British Open 2023, así, tiene nuevo rey.

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