Pedal a pedal va el Calamar...

El camino es largo.  Juan Pablo Lencina lo hace todos los días en bicicleta desde su casa hasta Parque Sarmiento, donde Platense tiene el predio de sus divisiones inferiores. Puntual, el jugador llega, le pone el candado a su bici y encara al vestuario. La ropa para entrenar está lista, esperándolo. Es el primero en llegar y el último en irse. Aplica ese receta desde que jugaba en los potreros de San Andrés de Giles, su ciudad natal. Hoy está en la gran ciudad, lejos de su familia por una razón muy clara: llegar al fútbol grande. Como un caballo con orejeras, solo mira para delante en busca de ese objetivo.
El entrenamiento es intenso, largo y extenuante. El Calamar viene cerca de la punta y quedan pocas fechas; y encima, el sábado se viene Chicago en Mataderos. Por eso, terminada la práctica, el defensor central, capitán del equipo, destapa una botella de bebida energizante y elonga quince minutos antes de irse. Sí, el sacrificio es de principio a fin y Juan Pablo no procura disimularlo.
A la salida del mismo, se cruza a un periodista partidario de radio, la última cuota de su rutina diaria en el club. Y contesta:
-¿Cómo llegaste a Platense?
-Llegué al club más que nada por recomendaciones de la zona y por comodidad.
-¿Cuáles son las principales diferencias al entrenar con la Primera?
-Entrenamos seguido con la Primera, y la diferencia es el ritmo y el roce de la categoría.
-¿Tenés ídolo futbolístico, quién es?
-Como ídolo sería el Diego.
-¿Cuál es tu sueño en el fútbol?
-El sueño sería llegar a vivir del deporte y crecer lo más posible.
-¿Qué creés que te falta mejorar como jugador? ¿Cómo lo lográs?
-Siempre hay muchísimas cosas que mejorar y etapas que pasan los jugadores. Depende de la maduración de cada uno y todo se logra entrenando.

El grabador se apaga, pasan algunos utileros del predio y el jugador enfila ahora para la salida. Para Juan Pablo es hora de ir a estudiar, y no la táctica que va a usar Chicago. De eso, se ocupará el DT. El va paso a paso, pedal a pedal…

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