Fish & Chips

Después de cien días, volvió la alegría. El resultado importaba, pero no era lo que más. Por más que enfrente estuviera el rival de toda la vida esperando. Es que la mera sensación de volver a tener frente a nuestras retinas a tus jugadores, en tu cancha, vistiendo la camiseta que nunca dejaste de querer, fueron motivos suficientes para hacer el día. Y no hubo Fish & Chips, pero el menú valió la pena igual. Everton-Liverpool en Goodison Park. Un cero cero poco atractivo, con más clima de amistoso que de clásico, con lesionados varios como secuela del largo e histórico parate y un conjunto Red cada vez mas cerca de gritar campeón, a la postre. Hubo protocolo, saludos con los codos, barbijos por aquí y por allí, distintas entradas y salidas para cada equipo, sonidos ambientes para simular la ausencia de los hinchas; y una sensación casi sombría, diferente, debido a esa ausencia. De que, por más que no jueguen, sin ellos el fútbol no es igual ni logrará serlo jamás. Provisoriamente, se tolerará hasta que el maldito Covid19 desaparezca. Porque por más que no haya habido goles que necesitaran de gargantas para ser gritados en Goodison, un estadio sin hinchas es casi como un artista sin su pincel. Salvedad que puede entenderse en días como estos, cuando tras 100 días, tus jugadores volvieron a salir a la cancha que es la alegría de tu vida.


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