Un pequeño gigante


El mejor partido de la temporada. Sin ninguna discusión. En una Premier League loca, parejísima, donde cada partido puede deparar cualquier cosa, la mítica FA Cup no se queda atrás. Quien desconfíe de tal afirmación, que camine un poco por Crosby, las playas de Liverpool. No sólo se encontrará con las frías aguas del río Mersey, sino que escuchará hinchas asombrados por el 5-4 que el Everton de esta ciudad le propinó anoche al Tottenham de Mourinho en Goodison Park, la casa del anfitrión. Sí, un partidazo a toda máquina de principio a fin que debió dirimirse en el alargue, por si algo de pimienta precisaba la causa. Con un héroe silencioso, que no tocaba una pelota oficialmente hacía dos semanas, demasiado para un jugador de elite, y opuesto de tamaño a la grandeza de su proeza: Bernard. Sí, el diminuto brasileño, jugador de pocos minutos para Ancelotti en la actual temporada, definió con la de palo demostrando que a su ADN carioca no hay clima que lo opaque ni banco que lo enfríe. Bernard se convirtió en el pequeño gigante del atrapante espectáculo. 

Gigante también fue la proeza del Everton, por motivos varios. En la previa, se quedó sin James Rodríguez, su as colombiano, André Gomes ni Allan. Y enfrentó al Tottenham, un top 6, con un once decente pero diezmado al fin: no llegar a completar los nueve suplentes permitiidos lo dijo todo. Mientras tanto su rival, en la vereda opuesta, se daba el lujo de tener entre los relevos a Harry Kane, Dele Ali y Harry Winks, estrellas finalistas de la Champions 2019, por caso. Pero Ancelotti volvió a demostrar que su curriculum futbolero no fue mandado a hacer por un abogado novato de la calle Florida. Ancelotti supo plantear con el plantel acotado que le quedó para la ocasión en un equipo para cada minuto del partido como si lo hubiera soñado todo en la víspera. Volvió a poner en la última línea a Godfrey, esta vez de lateral derecho, y restauró la dupla Mina- Keane para el medio. En el medio hizo lo que pudo, siguió con esa línea que se le volvió preferida desde la lesión de Allan en diciembre: Iwobi, Davies, Doucoure y Richarlison. Y se las arregló con Calvert Lewin y Sigurdsson arriba. Claro, hasta la hora de juego, cuando el inglés sintió una molestia y tuvo que recurrir a Richarlison como centrodelantero alternativo. Sin relevos en el banco que pudieran darle mucha esperanza a sus ilusiones, Ancelotti nunca vio el barco a la deriva. Menos que menos, sucumbir a pensar que esas claudicarían. Porque contó a su lado con el espíritu rebelde de un soldado fiel como Coleman que devenido wing derecho hizo estragos cuando le tocó entrar por Iwobi. Ancelotti parece generar eso: que todos sus jugadores puedan rendir más de lo que habitualmente lo hacen. Coleman asi lo hizo: no bajó la guardia un minuto, por más adversidades y estrellas que viera enfrente.

Entonces, gol a gol y emociónes igualmente repartidas, así fue que la disputa se encaminó al alargue, Richarlison reencontrándose con su mejor versión en el puesto en el que más cómodo se siente, en el área rival, metiendo dos goles bien de guapo. Y el Everton rió,, ahí sí, en éxtasis total, por más que el gran Carlo soplara mansamente su taza de café al momento del golazo de Bernard, cuando iban siete de alargue. Con un resultado enorme, que le permite al Everton agrandar sus pulmones para seguir dándole rienda suelta a una temporada que parece un parque de diversiones sin fecha de clausura alguna.

Lo curioso del Everton de Ancelotti es que se transformó en un equipo donde parece haber algo más importante que los nombres propios. Algo que hace que el nombre de una figura (Allan, James Rodríguez) ausente quede tibiamenente de lado y aceptada con naturalidad. Y es el peso de una fuerza que hace que este Everton siga avanzando con todo, semana tras semana. Que hace parecer que no hay demasiados escollos que puedan derribarlo. Como una montaña rusa que avanza a toda velocidad, el equipo de Ancelotti podrá tropezar, pero ha sumado tanta fuerza que desde el lejano horizonte, ahora aparece como un pequeño gigante, tal como ese Bernard.


Comentarios

Entradas populares de este blog

El Everton, a punto caramelo para Grealish

Brian Harman, cazador de gloria

Las palabras del Ogro Fabbiani