La dirigencia y las llaves

 He mirado, he leído y he observado. He escuchado, he disentido y he ignorado. Pero todo eso terminó ya, porque el sueño europeo terminó siendo no más que eso: un sueño. Pero varios asteriscos quedan  por dirimir, querido lector... 

Porque no es lo mismo que un equipo, en la última fecha de la liga de clubes más prestigiosa del mundo, siga apuntando a la clasificación europea a que el objetivo quede deshecho meses antes. Por eso el hincha del Everton podrá estar disgustado por la baja frecuencia de minutos de James Rodríguez en cancha, pero debería tomarse con soda que el Leeds de Bielsa o el Arsenal hayan quedado por encima en la tabla de posiciones final. A diferencia de ellos, el Everton estuvo a tiro de los  puestos europeos durante diez meses seguidos, una temporada entera, nivel de emociones que el club de Merseyside no vivía hacía una década casi. Desde el punto de vista del prototípico hincha moderno del fútbol, exitista ante todo, esas cuestiones nunca pesan en el análisis y Ancelotti irrefutablemente haya quedado en deuda con la décima ubicación obtenida. Pero ante el ojo crítico de quienes desmenuzan esa misma realidad con menos crueldad, el italiano ha hecho avanzar bastante a su nueva tropa. Y más allá de la tabla de posiciones, por si hace falta aclarar.  

¿Cómo explicar el cómo sin entender los porqués del detrás de escena? Es que Carlo Ancelotti se asemeja, en algún sentido, a aquellos presos que cumplen sus condenas siendo inocentes. Sólo que, a diferencia de ellos, el italiano ha tomado gustoso el papel de culpable. ¿Su trayectoria, su aplomo, su palmarés, su espalda, su confianza ciega? Varias pueden ser las razones, lo cierto es que Carletto, como el preso en su celda, todavía cuenta los días. Cuenta los días para que la dirigencia toffee termine de acomodar la estantería. Valga la aclaración: el plantel que Ancelotti dirigió la reciente Premier cuenta aún con demasiados errores del pasado, demasiado lastre. Ergo: muchos jugadores que no dan la talla que las ambiciones de Carletto exigen. Difícil, así, llevar al Everton a revivir sus épocas doradas, anhelo del tano. Muchos son los jugadores irregulares, inconsistentes, poco profesionales dentro y fuera de la cancha que Carlo tiene desde diciembre 2019 (cuando asumió) y que aún tienen contrato con el club. Pese a ello, bastante pudo enderezar el barco, pero para colarse en el Big Six precisa más. Por eso, encontrar refuerzos en el mercado veraniego venidero será algo así como la llave a la libertad. Porque con las altas probabilidades de que a partir de agosto Goodison Park estará colmado de hinchas nuevamente, el ojo crítico y el exitista se repartirán en las gradas azules por igual a ver qué tan vigente estáel hombre que ganó cuanta Champions jugó. Para ello, la dirigencia Toffee deberá tirarle un centro a Carletto deshaciéndose de la parte magra del plantel. Los resultados de un equipo empiezan de la línea de cal para afuera, señor Marcel Brands.

Por ello, antes de que la pretemporada comience en julio y con el nuevo estadio a la vista (se estrenará en 2023), el Everton ya está jugando su partido, ningún partidito, si se me permite.

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