LA NARANJA MECÁNICA 2023
Y el hombre está de vuelta. En el buen sentido de la expresión, claro. Sí, porque Rickie Fowler salió nuevamente campeón del PGA Tour, para que todo el mundo del golf disfrute. El jugador norteamericano volvió a levantar un trofeo tras más de cuatro años de sequía en el Rocket Mortgage Classic de Detroit. Y ahora sí, más que nunca, puede afirmarse que el hombre de remeras naranja, el clon golfístico de Leonardo Di Caprio, está onfire en este 2023…
Fueron tiempos de resurrecciones para el nacido en California los últimos en el golf. De mucho trabajo, de tropezar y volver a empezar, de apoyarse en sus amigos del circuito, en su familia, de creer que la magia seguía intacta básicamente. Se mencionó que el nacimiento de su hija en los últimos años le quitó horas de sueño -y práctica- y que ello lo alejó en el ranking, que lo privó de ser el gran jugador que alguna vez insinuó ser. Hipótesis y conjeturas que pudieron tener algún efecto indeseado en el golf de Fowler, difícil saber con exactitud. Lo único cierto es que este 2023 el californiano mostró un progreso y constancia en sus rendimientos que han encendido la llama de la ilusión. El click del swing de Fowler comenzó en las últimos meses y las mejoras se evidenciaron en un gran desempeño en el US Open, donde hasta la última ronda estuvo compitiendo palmo a palmo con las fieras del circuito como Rory y cía. Sin embargo, fue en Detroit donde las mejoras en las sensaciones se cristalizaron en el tan ansiado y esperado título.
Y, como si fuera un gran guionista de cine, Fowler cocinó el anhelado triunfo de mejor forma imposible. Con la paciencia y calidad de un gran campeón, sin pensar nunca más allá del próximo tiro. Porque algo de eso necesitaba Rickie para recuperar la priemr posición cuando a falta de poco para el final Collin Morikawa y Adam Hadwin encadenaron algunos birdies y él no lograba bajar el par. Con las esperanzas evaporándose (una vez más...), fue en el hoyo 18 (ó 72) que Fowler provocó el delirio de sus fanáticos. Con Morikawa esperando en la carpa de jugadores tras firmar 24 bajo par, Rickie quedaba obligado al birdie en el hoyo final y obligado al par el canadiense Hadwin en ese par 4 de 470 yardas con el anfiteatro lleno de gente bordeando el green. Hadwin cumplió con sobriedad. Y Fowler, quién sino, se ganó el standing ovation más ruidoso del día: tras pegar un drive de 290 yardas al fairway, dejó la pelota a un metro de la bandera con un tiro de aproximación estelar. El putt fue casi un trámite que garantizaba un desempate de a tres con expectativa total y la sensación de que la sequía de títulos de Fowler estaría finalmente terminando. De vuelta al 18. Y a ver a Collin Morikawa explotar la pelota al medio del fairway al igual que Hadwin. Por su lado, Fowler puso todo en suspenso al caer su drive en zona del público tras pegar con fade. Pero la suerte fue benévola y Rickie pudo dropear sobre la zona pisada por la gente: a olvidarse del rough e iluminarse como su remera, entre tanto nubarrón oscuro. Desde la incomodidad de un lie inesperado, Fowler realizó un approach sensacional y fue quien más cerca del hoyo quedó. Morikawa sobrevoló el green y Hadwin, como queriendo ayudar a Rickie, la dejó corta pero en su línea de tiro. Luego, lo que ya se sabe: el canadiense la deja corta y Fowler metió el mejor birdie del torneo para volver a coronarse campeón del PGA, su sexto triunfo en el circuito. El festejo medido, más de alivio que otra cosa, como de quien sabe que las buenas nuevas estaban al caer, demostró que Fowler nunca dejó de confiar en su golf, más allá de las frustraciones. Y así, tras un gran US Open dos semanas atrás, terminó la sequía a días del Open Británico 2023. Rham, Rory y Scheffler deben haber tomado nota. Todo el PGA también. Fowler volvió.

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